La moda de la Selva Negra

6.8.17

Encuentro en las olas


Rosa, la mirada lejana, lanzada como una red en altamar, más allá del horizonte, se esfuerza en agudizar la vista, hasta creer que vislumbra unas luces titilantes, las guirnaldas luminosas de una verbena, unos abrazos, unas risas, un saludo inseguro. Luis, porque hoy es domingo, día de descanso, pasea por la playa. Desde Long Island está más cerca. Busca caracolas para oír el teléfono del mar, para que le lleguen las llamadas. Rosa sigue con la vista una línea recta imaginaria que desde Vigo alcance ultramar. Hoy también, vuelve a posar con delicadeza un barquito de papel con cargamento de poesía y añoranza. Casi no hay viento en el puerto, y el bajel queda parado hasta que decide ayudarle a surcar el océano con un empujoncito suave de la yema de sus dedos.

#UnMarDeHistorias

Texto para el concurso de Zenda e Iberdrola "Un Mar de Historias"


31.7.17

La puerta trasera

Entró en el mar por un acantilado de barlovento. Bajó despacio por los escalones esculpidos a fuerza de caprichos del agua. Persiguió durante algunos instantes la luz cenital a menudo atrapada en un revoltijo de algas y que luchaba por liberarse. En el descenso apreciaba con gratitud el vaivén sedoso de los bancos de doradas, el cosquilleo gaseoso de unas medusas desmelenadas. Saboreaba en su periplo acuático el efecto borrachera del oxígeno de botella mientras llegaba a rincones en penumbra en los que se refugiaban cientos de habitantes. Algunos de ellos residentes fijos, otros de carácter fugaz y tarambana surcaban aquellas ondas por primera vez. Se deslizaba como un escualo, en silencio, con la rapidez sinuosa de una morena. Contemplaba con sorpresa los saltos innecesarios de los hipocampos y admiraba el paisaje marino que le recordaba a la pecera que tuvo en su niñez antes de que se cayera y estallara en añicos el día que su padre le dio aquella bofetada por llegar tarde. Seguía ganando terreno en su singladura hacia las profundidades. Barracudas, meros, cazones acompañaban de incógnito. Alguien tiraba de la cuerda desde arriba de manera insistente, desesperada; pero se dijo que solo era el guía. Si hubiera sido su marido quizá se lo habría pensado. Empezó a escasear el aire y supo entonces que había llegado la hora. Se quitó los arreos de buceo e hizo unas cabriolas pantanosas, de saltimbanqui en su espectáculo final, convencida en aquella tesitura de que estaba en el lugar correcto y que todo ocurría en el momento adecuado.

#UnMarDeHistorias
Texto para el concurso de Zenda e Iberdrola "Un Mar de Historias"